El apego tóxico


Si me has oído en videos o conferencias ya sabrás que para mí el Apego es el interés que tengo Yo (Ego) por un resultado específico. Así, en lo emocional puedo definir el apego personal como el interés que tengo en el vínculo con las personas que me cuidan y me darán seguridad.


Por supuesto, esta forma de vínculo será vital y muy intensa al comienzo de nuestras vidas, pues en nuestra primera etapa (que ya conoces como Proyecto Sentido)  dependemos por completo de la protección de las personas que nos rodean, pues percibimos que sin ellos no lograremos sobrevivir o crecer.


En este sentido, el apego se forma de manera natural como una garantía o un seguro que busca asegurar mis necesidades, pero al mismo tiempo marca, y de forma casi que irracional, el carácter de nuestras primeras relaciones.

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El Apego estable y el enfermizo
Cuando los adultos que nos cuidan desempeñan bien su papel lo más probable es que desarrollemos una forma de apego estable, que para mí es aquel que es independiente de nuestro temperamento.


Así, puede que dependamos de otro para garantizar nuestras necesidades o para crecer, pero estas situaciones o ideas no dan origen a ninguna emoción o resentimiento de ansiedad o frustración.


De forma opuesta puede ocurrir que, en aquel momento en el que seamos desatendidos, rechazados o no reconocidos, procuremos “cambiar” en nuestra expresión para procurar lo que el otro quiere de mí. Estaremos entonces desarrollando un vínculo con una forma de apego enfermizo, no seguro. Esta es una forma de dependencia cargada de angustia y ambivalencias, pues me interesa estar con la otra persona, hago lo que sea por estar con ella y eso incluye el cambiar en mi Yo más profundo. En algún momento seré consciente de que la persona que se ha vinculado conmigo no me quiere o no le intereso como soy, sino como ella ve que he sido para ella.


La experiencia que creemos sobre cómo construir vínculos definirá la forma como nos conectamos con los demás en nuestra edad adulta; tendremos la tendencia a replicar lo que sabemos que funciona, bien sea para cubrir nuestras necesidades o bien sea para crecer; y generalmente no nos importará si nos destruimos o construimos para nosotros, pues no seremos plenamente conscientes de realmente quienes somos, pero si sabremos qué imagen queremos expresar. Por eso entiendo el refrán “La vida empieza a los 40´s”: A esa edad ya sé quién soy y qué de mí quiero mostrar y compartir con mis vínculos.


El apego y las teorías psicológicas
El psicoanalista inglés John Bowlby se interesó por el tema del apego y desarrolló una teoría al respecto. El encontró que tenemos una predisposición filogenética a desarrollar vínculos y, como ya te mencioné arriba, recalca que esos vínculos se dirigen especialmente a todas las personas que nos proporcionan protección y seguridad o, a aquellas que en su defecto, pensamos o sentimos que deberían aportarla para nosotros.


Posteriormente, la psicóloga Mary Dinsmore Ainsworth identificó tres tipos de apego. Estos son: el apego seguro, el apego ambivalente o resistente y el apego evitativo o rechazante. Según sus investigaciones, la mayoría de nosotros desarrollamos el primer tipo, pero también hay un buen número de individuos que se inscriben en los otros dos.


La psicóloga explica que el apego seguro permite construir vínculos afectivos estrechos y espontáneos. Los apegos no seguros (el ambivalente y el evitativo) dan lugar a fuertes represiones y dificultades para construir lazos de intimidad con otros.


Cómo se originan los tipos de apego
Cuando los padres tienen buena actitud y una adecuada disponibilidad hacia su hijo, se forman estrechos vínculos familiares y sexuales. En cualquier caso los niños actuarán de formas previsibles: hacen lo que aprenden de papá y mamá y de su relación emocional.


En caso de que su madre se aleje, el bebé llora y se siente incómodo durante unos segundos para después centrarse en entorno. Cuando ella vuelve, se muestra feliz y le expresan, a quién ahora los protege, afecto y alegría.


Por el contrario, si los padres se muestran distantes entre sí, si expresan de alguna forma rechazo hacia su hijo o, por el contrario se muestran demasiado pendientes, los niños perciben que sus necesidades no serán satisfechas o se percibe (en el bebé o en los padres) el temor de que queden por satisfacer necesidades en un futuro; lo más probable es que el pequeño desarrolle algún tipo de apego no seguro: se expresará en el bebé, bien sea la ansiedad o la “evitación” como una forma de protegerse frente al abandono o la indiferencia anticipada.


Una forma muy curiosa de expresión de este trastorno en el apego es aquella en donde el bebé (generalmente una mujer) aprende que las muestras de afecto molestan a los seres que más ama: sus padres. Las pequeñas, entonces, comienzan a guardarse para ellas sus emociones. En estos casos, cuando la madre se aleja, la nena apenas reacciona. Y cuando vuelve, también permanece distante y absorta en lo suyo. Desarrollan así una falsa independencia que ocasionará un importante síndrome en el futuro: Yo lo llamo “El síndrome de la Pagadora”: una mujer que tendrá la tendencia a devolver hasta la más mínima atención que le hagan; si le dan un regalo, sentirá la necesidad de dar otro igual y ojalá mejor; si alguien la invita a algo ella sentirá que debe devolverlo, que debe pagarlo.


Efectos del “apego evitativo”
La forma de expresar el apego evitativo llega hasta la vida adulta. Los niños que han crecido bajo estas ideas mentales se pueden convertir en adultos que pocas veces expresan armónicamente sus emociones y, con esfuerzo, se dan cuenta que tampoco las identifican. Pueden alejarse afectivamente de todo y de todos y mostrarse como seres indolentes frente a los demás y muy indiferentes con sus propios sentimientos.


Por supuesto, el vínculo sentimental/sexual se verá especialmente afectado. Siempre existirá la idea mental de perder a la persona amada. La persona tendrá una idea ilógica. “Si no muestro (o reduzco) mis emociones, estaré protegida contra el sufrimiento que se aproxima”.


Se muestran evasivos cuando se establece un diálogo real de la situación sentimental y suelen hacerse a muchas ideas del estilo “Y si yo hiciera…” “Y qué pasaría si…”, en donde su inquietud es procurar anticiparse a movimientos y posibilidades. En lugar de expresar sus inconformidades con ideas argumentadas (porque no hay idea real), lo hacen con cantaleta (así le decimos en Colombia a los berrinches) y con conflictos temporales, falsos o supuestos.


Las personas con este tipo de trastorno sufren mucho porque ven que no pueden amar armónicamente, sino que lo hacen como si una grave amenaza o una oscura sombra flotaran permanentemente sobre ellos y sobre su relación; cuando les confronto en Diagnóstico, generalmente no son capaces de identificar cuál es, de forma puntual o real, esa amenaza.


Sentido biológico: Expresión de Apego
Finalmente, desde el punto de vista biológico, las personas que llegan a expresar este trastorno generalmente sufren, al principio, por la caída del cabello o por trastornos en la piel, por ejemplo; esto ocurre porque se sienten separados o no unidos.


Si no han solucionado ese Conflicto de Vinculación, pueden expresar  con el tiempo toda una serie de trastornos que según la medicina oficial, no están conectados; podrá expresarse, en la siguiente fase, un Conflicto de Valor con alteraciones el peso, la presión sanguínea; si aún no se soluciona puede expresarse un Conflicto de Protección con, por ejemplo, trastornos en el manejo del azúcar, del colesterol y en el intestino grueso. Finalmente para expresar algún Conflicto de Supervivencia podría evidenciarse algún cáncer en sangre o en las vías digestivas.




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Formas de superar el “apego no seguro”
Aunque las expresiones de apego tienden a mantenerse y a crear las ya famosas “zonas de confort”, siempre es posible hacer Consciencia sobre esos comportamientos y hacer una reprogramación emocional para convertirnos en personas más armónicas con nuestras experiencias actuales. En cualquier caso, la sanación de esta forma de trastornos (mentales y orgánicos) deberá ser trabajada individualmente; el propósito de esa experiencia y esa forma de vínculo se nos presenta siempre, para aprender a relacionarse con el mundo de una manera más constructiva, provechosa y armónica.


Para reprogramar el apego evitativo es necesario trabajar con la visión y la relación que existe entre la persona y su interior; en muchos casos hay que recuperar el Valor de esa persona, lo que afuera se conoce como “una autoestima muy dañada”. Solo cuando logremos hacer Consciencia sobre lo que una persona tiene “adentro”, podremos re-entrenar a esa persona en la forma correcta de vincularse: La Consciencia Individual de quien busca crecer para sí mismo. Y posteriormente la Consciencia Mutual, de quien busca crecer con el otro.   



Por supuesto dicho así suena muy fácil, pero si aprender es difícil, desaprender lo aprendido lo es más. Piensa que lo que aprendimos en la infancia, nuestras experiencias, han construido el resto de información que manejamos (así creamos nuestros dogmas y los hábitos que hoy nos caracterizan). De aquí te recomiendo entonces la ayuda de una persona capacitada para lidiar con tus ideas mentales y con tu organismo; el estilo de apego que estemos expresando nos puede llevar por el Camino de la Destrucción, cuando puede aprender de una forma menos violenta o impactante.



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