Día Internacional de la Mujer

 Hoy se conmemora El Día Internacional de la Mujer, que realmente se llama el Día Internacional de la Mujer Trabajadora, recordando desde que en Nueva York, un 25 de Marzo de 1911 murieron 140 mujeres trabajadoras al ser encerradas en una fábrica en un devorador incendio apoyado por unas penosas condiciones laborales; la mayoría de ellas eran inmigrantes. Este hecho generó uno de los mayores cambios en la legislación laboral y empezó establecer consideraciones sobre las condiciones laborales a las mujeres, que ya se venían manifestando desde hacía más de tres años. Así pues, en esta fecha se conmemora “la lucha de la mujer por su participación, en pie de igualdad con el hombre, en la sociedad y en su desarrollo íntegro como persona” según la ONU. Les dejó esta lectura que hizo Klaudia para Ustedes. Ojalá no exista pereza y lo lean completo.


Aunque conmemoramos este trágico hecho transgeneracional (y el que el comercio quiere hacer de este un “lindo día” al celebrar la femineidad), queremos continuar llevando consciencia y haciendo énfasis en la importancia de los roles de hombre y mujer, los cuales han tenido su mayor crisis desde la década de los 60´s cuando empezó la liberación femenina. Allí, la mujer tomó ya decididamente un camino: establece con pie firme la competencia con el hombre y empieza a liberarse del “yugo” del hombre, no sólo en el plano laboral; esto tendría un efecto que hasta ahora se está percibiendo en nuestras sociedades: la existencia de una total desidentificación de la esencia, la biología, la naturaleza y el poder de la Mujer.

Algunos de nosotros hemos percibido esto, hemos sido conscientes y queremos “recoger los pedazos”, volver a integrar, a identificar, a redescubrirnos. Así entonces, vemos muchas mujeres en prácticas místicas y espirituales; nos hemos dado cuenta, aunque no queremos reconocerlo que nuestro camino es otro; que realmente tenemos que empoderarnos (es decir, recuperar nuestro poder) pero no desde la fuerza, no desde la competencia, no desde la lucha; porque en algún momento de consciencia, hemos llegado a sentir que nos aburre mantenernos en este rol, pues la Naturaleza, como buena Madre, no se niega y siempre aflora por donde menos lo esperamos.

Como mujeres tenemos una vocación, tenemos una Naturaleza; distinguimos y reconocemos más colores, percibimos un mayor rango de sonidos, tenemos un mayor ángulo de visión, distinguimos cambios de temperatura, de olor, de sabor e incluso, de estado de ánimo gracias a una capacidad intuitiva muy desarrollada; esas y muchas más razones de orden biológico, nos dan la estructura para entender que somos la columna vertebral de la pareja, la familia y la sociedad; sin embargo, por conceptos sociales trasgeneracionales, queremos hacernos a un lado o nos cuesta aceptar el rol Natural; como siempre digo: ser mujer no es fácil, ni tampoco es fácil ser hombre; es todo un reto encontrar, desde nuestro ser, ese valor y ese reconocimiento a la mujer cuidadora y educadora que dentro de nosotras aflora, cuando nos lo permiten. Como ya ha escrito Luis en artículos del blog: Esta sociedad sólo reconoce a la Mujer Objeto Sexual/Mujer Premio; esa mujer que gracias a sus construidos encantos (¿?) será deseada por cualquier Hombre. Pero en esa reconocida Mujer Premio, tampoco estará la mujer cuidadora o educadora de la que hablo.

Es obvio para mí, y está demostrado científicamente, que la mujer inspira al hombre con sólo verlas o hablarles; el cerebro masculino se enciende porque se activa en ellos la Naturaleza, la biología de conquistadores y en nosotras, la biología Natural de conquistadas.

Hemos olvidado la sonrisa, el juego, la alegría, la ternura, sobretodo la ternura, la suavidad, la delicadeza.  No es desde la Naturaleza masculina, o desde nuestro lado masculino, que podemos entrar en el mundo de un hombre que realmente valore a esa mujer que expresa su rol de mujer; sería una franca competencia entre hombres y los hombres, entre hombres, son fuertes, rudos, competentes, simples, fríos… podría describir infinidad de características pero imagino que todas lo han percibido como yo.

El empoderamiento de la mujer está más allá de un reconocimiento de género; venimos de generaciones de mujeres que se doblegaron, que cuidaron, que se sometieron y no sabían el por qué; mujeres que eran resguardadas desde el momento que empezaba su periodo menstrual no sabían el por qué; sin embargo con el advenimiento de la Ciencia (¿?) nos castigaron por adorar la tierra, nos castigaron por guiarnos por la luna, nos castigaron por utilizar a la Naturaleza, nos castigaron por danzarle a los cambios astrológicos y de pronto nadie nos contó más sobre eso; porque éramos pecadoras:  por tener dentro nuestro la Naturaleza y sus ciclos, por llevar el Conocimiento, la Sabiduría, por entregar al primer Hombre la capacidad de discernir entre unos supuestos “Bien” y “Mal”; porque en vez de un acto de agradecimiento y de divinidad, se nos convirtió en una maldición parir, tener el periodo menstrual y además tener la capacidad de seducir y el poder de conducir al hombre, al conocimiento infinito. Así, en un acto de violencia contra la Naturaleza, podrás preferir la cesárea; tomar pastillas para controlar y reducir tus periodos; tachar de “zorras” o “perras” a otras mujeres; y pensar que sólo en el sexo puedes retener a un Hombre (si es que eso fuera necesario).

 El Hombre (el básico, el del cerebro primitivo; es decir, casi todos)  tiene claro que somos un tesoro que hay que resguardar y proteger porque, por la capacidad de engendrar, somos responsables y también castigadas; o sino, pregúntele a los papás de hijas mujeres?¡?¡.  Entonces díganme: ¿Somos o no, responsables de la sociedad que somos parte, que tanto sufrimos y desdeñamos y que no sabemos ahora como recomponerla?

Las Mujeres nos convertimos en abandonadoras, después de juzgar hasta la muerte a los hombres que nos abandonaron; pero hemos abandonado a nuestros hijos incluso antes de nacer, porque ya no respetamos los tiempos y los ciclos; dejamos nuestros niños solos, para que sean cuidados por otras mujeres que han dejado también sus hijos descuidados; no comprendo esto y menos comprendo cómo es que no nos damos cuenta; casas abandonadas, hermosas, llenas de cosas pero solas; solas porque no nos hemos dado cuenta de que a todos nos dio por salir a trabajar y tenemos el mercado lleno pero ya nadie puede o quiere estar en casa; es claro que, incluso nosotras mismas hemos denigrado tanto del trabajo de la casa, que ya ninguna hija menor de 30 quiere ese plan en su vida, porque para muchas es la peor desgracia cuidar… cuidar unos hijos, cuidar una casa, cuidar un hombre; dejamos de ser AMAS DE CASA y nos convertimos en AMAS DEL MUNDO, pero por la fuerza y queremos ganarlo todo a la fuerza; perdimos la capacidad de esperar y nuestra exigencia se ha desbordado, porque ya no tiene valor un ramo de flores, ni ser bella por ser bella, ni verse bella desde lo simple.

Ejercemos una influencia en la sociedad, pero no desde la política, ni desde los altos cargos que montaron los Hombres; nos creímos el cuento y a pesar de tener liberación femenina, es gracioso el que estemos triunfando en un mundo masculino; un mundo que no creamos desde nosotras y  sin tener que usurparle el rol al Hombre; en nuestra Naturaleza sabemos que nuestro mundo se construye de otro modo desde lo simple, desde los detalles, desde lo cotidiano; se construye con mujeres que, desde que están embarazadas, enseñan a sus hijos qué comer; mujeres que guían y muestran a sus hijos, sobrinos y hermanos que con el Amor, la Libertad, la delicadeza o la sonrisa pueden ganarse el mundo; mujeres, mujeres que cuidan y saben cuidar y te has encontrado que en tus manos se muere hasta un zancudo, pues la mujer está hecha por, para y en pro de la vida. (La mujer asesina es extraño encontrarla, aunque ahora están proliferando cada vez más. Imagino que buscando competirle al Hombre allí también).
Creo firmemente que el momento de la liberación femenina ya cumplió su ciclo. Luis dice en sus conferencias y su Stand-Up Comedy, que fue un periodo importante. “La Mujer consiguió cosas que no tenía: un Alma, el elegir si quedaba o no embarazada, condiciones laborales, el voto, participar en diversas instituciones, entre otras”. Pero también sé y siento, que ahora es el momento de la liberación masculina, vemos ya cómo está pasando…los hombres en su rol y las mujeres en su rol, sin tratar de saltar al otro ni de aplastarlo al pasar, porque no entiendo a quién hay que rendirle las cuentas de esta competencia indolente.

Y como dice Luis, nosotras las Mujeres estamos para administrarlos y ellos para proveer; lo importante de todo esto es entrenarnos en ambas cosas, sin olvidarnos cada uno de cada uno y permitiendo que los Hombres provean y administrarles para que provean infinitamente; pero, ¿saben que necesitamos para cumplir estas dos cosas? Seres superiores, que piensen más allá de sus propios beneficios; que se vean como un conjunto, pero también como una individualidad, porque es necesaria la soledad de ambos para nutrirse en compañía y luego, ir descubriendo juntos el origen de la vida.

Tenemos que librarnos de tanto resentimiento generacional, tenemos que recomponer desde adentro de nosotros nuestras genéticas familiares, para poder llegar con unos condicionamientos conscientes, dejar a un lado nuestra agresividad. Es necesario reconocer la dualidad, no negarla; cuando se habla de igualdad entre hombres y mujeres, simplemente me pregunto porque nos cuesta tanto reconocer la diferencia; y comprendo que nos cuesta reconocer la diferencia porque la diferencia nos aleja; pero hay que ir más profundo, más allá de las diferencias, darnos cuenta que las polaridades negativo y positivo, son necesarias para crear luz, pero se necesita una resistencia¿¡?¡ (así pasa con los circuitos eléctricos).
Cerebro izquierdo y masculino, cuerpo calloso que los une para darnos la visión masculina o femenina de nuestras acciones, el mundo es dual, es la experiencia que estamos viviendo. Existe una pauta ovulo y espermatozoide para crear vida; tierra y semilla generan vida, hay muchas posibilidades pero está la pauta para crear Luz, para crear Vida.

Estamos hechas para ser penetrables, somos profundas y no sólo desde lo físico; pero nos hemos pegado a la idea de la penetración sólo física; las mujeres podemos volver a reconectarnos con la Madre Tierra, la Naturaleza y es necesario volver a ver esos hermosos ciclos que existen entre la tierra, la luna y el sol, que son nuestros modelos, básicos.

Podemos volver al respeto por la luna, a reconocer su influencia en nosotras y que en esos días debemos ser muy cuidadosas con nosotras; cuando trabajé con las comunidades indígenas me enseñaron ese respeto; obviamente en ese momento me ofendía y me parecía agresivo, pero fui comprendiendo la magnitud de mi poder durante esos días; simplemente tenemos la capacidad de limpiarnos desde dentro, y volver a crear la “cunita” para quizá el próximo caminante del mundo; esto es debilidad y poder al mismo tiempo.

Somos cíclicas y flexibles, como las mareas que ascienden y descienden y pueden ir con mucha fuerza o muy poca; es importante conectarnos con nuestro cuerpo, reconocer nuestros ciclos personales y hacer rituales propios de “consciencia planetaria física”, porque los lugares donde nos movemos afectan nuestras células y por ende nuestras emociones, y por ende nuestros ciclos y nuestros cuerpos y eso hace que la luna nos una sin saberlo con otras mujeres que también están en su periodo.

Recuerdo que cuando cumplí 15 años, me puse mis primeros tacones que llamaban “tacón bachiller”; mi mamá me peinó y aunque no hubo fiesta fue un ritual de iniciación y la forma de mis padres de entregarme al mundo; para algunos puede sonar machista o anticuado, pero es un ritual sagrado de valor de lo femenino, porque realmente es un proceso fuerte el que se inicia, que merece respeto y empoderamiento; muchas niñas no gozan ya de ello, porque como no conocemos la importancia de ese gran paso iniciático, perdimos totalmente la conexión y las mujeres permitimos que pasara,  por entrar en un mundo desconocido; cómo fue que nos metimos en un mundo de hombres que no conocemos, donde creemos que los hombres valen menos que cero, pero son los hijos de otras mujeres, creemos que somos supermujeres que podemos ser padres y madres a la vez, mantener una casa, darnos gusto, viajar, ser hijas, amantes, pero si nos quitamos el velo y vemos la realidad, no somos nada de eso realmente; no hay nada bien hecho: ni somos ejecutivas, ni madres, ni amantes, ni esposas, ni hijas, ni siquiera mujeres completamente; porque el ritmo loco que nos pusimos y el mantenernos fuera, no es algo que nos guste ni queremos mantener por siempre, pues no es nuestro.

Y en ese ritmo loco, no queda tiempo para ser mujeres; y culpamos a los hombres y culpamos a nuestras mujeres; pero realmente no tomamos riendas sobre el  verdadero poder, ese poder que creíamos que era controlar a los hombres y estar por encima de ellos y dominarlos y ser fuertes y tener hombres dóciles y subyugados (porque odiamos el molde de nuestros machos alfa) y decidimos como educadoras y constructoras de sociedad, cambiar el molde y ahora nos quejamos de los niños desubicados que tenemos.


Escucho de madres que hablan diciendo que su hijo le ha ido bien porque tiene una mujer organizada y cuidada y dedicada, pero a su hija le fue mal porque le ha tocado cuidar a su marido;  es una relación incomprensible porque se habla de lo mismo: la diferencia está en que una de ellas es la madre del Hombre, mientras la otra, es madre de la Mujer. 

Podemos y debemos ser pues, transmisoras entonces de las dos energías: a las hijas-mujeres con la herencia fecunda y conocedoras conscientes de su propia conexión con la Naturaleza y a los hijos varones, con la poderosa herencia de quien puede salir a conseguir para su casa consciente también, de su propia conexión con su Naturaleza.

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